lunes, 26 de noviembre de 2012

Propp Land

De la productividad de las funciones de Propp. 

  En este clásico video juego nos encontramos con nuestro querido y esférico Pac-Man, ahora dotado de patitas, quien debe partir de su hogar para  devolverle a la Reina de las hadas el hadita que lleva bajo el sombrero. Para conseguirlo, nivel tras nivel, debe enfrentarse con fantasmas enemigos, chorros de agua y trampas de arenas movedizas. A medida que realiza estas proezas, va obteniendo pequeñas recompensas: más puntos, vida o tiempo extras, invencibilidad.
Cuando consigue regresar el hadita a Fairyland, nuestro héroe debe emprender el regreso a casa. Para ayudarlo en su viaje de vuelta, la Reina de las hadas le regala un objeto mágico: la versión arcade de las botas de las siete leguas. Finalmente, llega a su hogar, donde lo reciben cálidamente su esposa y su hijo: Ms. Pac-Man y Baby Pac-Man.

Así nos encontramos con una narración que incluye, al menos, doce funciones de Propp:
11. Partida: el héroe se va de casa.
12. Prueba: el héroe sufre una prueba que lo prepara para recibir un objeto o un auxiliar mágico.
14. Recepción: el héroe recibe el objeto mágico.
15. Desplazamiento: el héroe es transportado, conducido o llevado cerca del lugar donde se halla el objeto de su búsqueda.
16. Combate: el héroe y su antagonista se enfrentan en un combate.
18. Victoria: el antagonista es vencido.
20. La vuelta: el héroe regresa.
21. Persecución: el héroe es perseguido.
22. Socorro: el héroe es auxiliado.
25. Prueba: el héroe se propone una tarea difícil.
26. Tarea cumplida: la prueba es superada.
27. Reconocimiento: el héroe es reconocido.

Para terminar, debo decir que desconocía toda esta trama y los bonus, lo que explica que haya sido tan mala jugadora de Pac Land en mi infancia.          

sábado, 17 de noviembre de 2012

El ogronte y "la nena".


El ogronte hace su descargo...


Pueden leer el texto original en:
Irulana y el Ogronte. Graciela Montes. Texto.




Tranquilo andaba yo como buen ogro que soy caminando por los campos con pasos agigantados sin prisa ni pausa cuando escuché por segunda vez su nombre. Me temblaron las piernas y se me cerraron los ojos. Bueno hubiese sido no haberme quitado pulcramente la cera de las orejas para no oír nada. Bueno sería soñar por las noches para haber tenido la esperanza de que se tratara de una pesadilla. Enfrenté la realidad escondiéndome detrás de una montaña. Con toda la valentía de la que fui capaz, me dediqué a escuchar su historia. Mi historia. 

Soy un ser racional; comprendo que la objetividad no existe. Soy un ser sensible; puedo disfrutar de que se tuerzan un poco lo hechos en pos de darle color e intriga a una narración, pero lo que oí es demasiado. Confirmo que es una historia de miedo que trata sobre un pueblo y un ogronte pero la cantidad de patrañas que escuché y la manera tendenciosa en que se tergiversaron los hechos me resultan ofensivas e indignantes. Sin ánimos de ofender, cosa de humanos.
He aquí mi descargo.


Se les dirá que no tengo nombre, primera mentira. Me han bautizado Grrntl, pero mi familia y amigos me dicen sencillamente Grr. Soy grande y peludo, bastante bien parecido por lo tanto, pero se me presentará como lo más peligroso de la historia, cosa que ni el más ingenuo ser ni el más negador que llegue al final de la misma podrá creer sin engañarse a sí mismo.
Tengan piedad, porque a continuación oirán cómo se burlan de mí. Primero de mi alergia, hiperboleando mis estornudos. Luego de mi humor, aunque debo reconocer que soy algo ciclotímico. También de mi alimentación, como si la vaca pudiera elegir no comer pasto o el león, cebras. Soy de lenta digestión y hasta eso será blanco de burlas. Ni mi colección de boletos se salvará. 
Sin lugar a dudas se los tratará de convencer de la inocencia y fragilidad de la “nena” y el narrador alegará ignorar su verdadera naturaleza. No caigan en la trampa. Recuerdo bien cómo dormía yo plácidamente después de una buena comida cuando un grito de guerra me sobresaltó. Qué forma terrible de despertarse en absoluta oscuridad, no sé si les habrá ocurrido. Espero que no. Espero también que no les suceda jamás lo que a mí: ser maniatados y enterrados vivos. Ni oír desde su tumba prematura los festejos con guitarras, violines y panderetas. Se les dirá que fue la “nena” la heroína. Fuenteovejuna digo yo. Y esa sí es una historia de miedo. 

Violeta Hss Hzz